lunes, 20 de mayo de 2013

impulso... y viaje


      


















                                                             SECUENCIA PRIMERA


                        
                                Tobías Campos Fernández


"Primero tropecé con un congelador.
  Me asusté un poco y me puse a llorar."


                                                         Michel houellebecq



Me miran los canales de riego


poco puedo decir
que les tranquilice


yo estoy en el centro
de una tierra inundable.





                                                                                            

                                                                 José María Castrillón


Carta a Tobías C. F.



quien me escribe
Primero tropecé con un congelador.

                                     Michel Houellebecq


Me miran

los canales de riego
(…)
yo estoy en el centro
de una tierra inundable
T. C. F.


La quietud en la fluencia, Tobías, cuando

Lorca baja cada noche hasta la acequia −a soñar el agua, a fumar, a perseguir caricias−.
El fluido de lo inmóvil (¿para siempre?) cuando
Carver se tropieza how the hell did I get here? y sin dejar de estar bebido se pregunta
desde cuándo su voz −el corazón− hay que abrirla a martillazos.
Recostarse a fumar apoyado entre dos centros.
Pero yo, Tobías, hace tiempo que no sueño, que no vivo en tierras inundables,
y aunque fumo no dejo ya que me acaricien como se apura una calada.


PDTA.: tampoco en este tiempo mi voz pone resistencia. (Lo quisiera hoy, al menos para 
Pilar.)




                                                                Pilar Martín Gila



– Y el resto de la vida, con la esperanza de volver a encender un cigarro.
– Eso es muy triste.
– La esperanza es siempre algo triste.
– Según lo que se espere.
– Esa calada.
– Será otra cosa.
– Las puertas de los bares.
– Sín duda, tiene que ser otra.
– La pequeña llama de la cerillera.
– Cualquier cosa es otra incesantemente.
– ¿No puede quedar algo perdido?
– Puede quedar postergado.
– Como los sueños, supongo.
– Como las esperanzas, me temo.
– Entonces, aún le debemos ese gallo a Esculapio.





                                              Pilar Fraile Amador




Grandes esperanzas



los tienden extendidos con los brazos hacia arriba

es la mejor manera de coserlos. dice. zurcen el brazo el codo la muñeca. hay que dar apariencia de normalidad. repasan las suturas con
hilo fino

llevamos así muchos años. al principio pensamos que el trabajo se iba a acabar. pero no. cada vez vienen más. sin ojos sin piernas. han
estado hundidos en el barro mucho tiempo. algunos no tienen arreglo
los tienden extendidos con las piernas separadas

tenemos modelos de caras y de torsos. unos gustan más que otros. lo malo es que luego todos se parecen. mejor eso que andar por ahí
con el cuerpo desmembrado


todos asienten. los que tienen las agujas y que los que son cosidos. todos asienten y dan palmas




                          

                                                       Julio Más Alcaraz




Kiri kiri kiri Los que tienen las agujas las clavaron en los ojos de los pretendientes
Kiri kiri kiri takashi miike CUT TO:
El centro de un océano desprendido de la tierra
El agua cayendo por sus extremos hacia lo que nunca
Es la orilla ahora el centro, una orilla que remonto en tus brazos, padre. Rompe la cadena
el eslabón inserta el eslabón en el labio y lo dejas un poco abierto de manera que cuando beses a la muchacha del conservatorio sus labios se

queden enganchados a los tuyos y no hagan faltan más candados en los puentes incluyo podamos reventar los puentes y quién se atreverá a 
cortar el hierro forjado con las camas antiguas de los hospitales de guerra
Muchos son los ríos que he nadado pero sólo en éste las ramas de los árboles suben contracorriente
y se acumulan en el nacimiento hasta impedir la salida del agua y reventar la montaña.
Toda ladera mojada era un antiguo tobogán por el que se lanzaban las mujeres antes de ser madres.




                                                                                                      

 
                                                              Miguel  Ángel Curiel
    



Julio Más Alcaraz hablaba de ríos al final de su texto. (Una sola palabra lo encierra todo, con una sola palabra podemos fundar el mundo, -fundarlo y destruirlo- Ríos: El Tajo, el Tiétar, el Alberche, el Narla, el Jerte, el Limia, el Miño, el Orbigo, el Eo, algunos de los ríos enlos que me bañé a lo largo de mi vida. Los ríos del verano, los misteriosos nombres del agua. Después los ríos secos de mi país, hijos del estiaje; los ríos lunares, El Tuerto, el Pusa, el Sangrera, el Guadyerbas, el Uso, el río Frío. ¿En que ríos os habéis bañado vosotros? El nombre de los ríos, una sola palabra lo encierra todo y así todo queda abierto en lo semiabierto y lo entrecerrado de la poesía en el duermevela de la vida) Ríos de aguas negras, jalonados de álamos, de fresnos y alisos; los otros ríos en los que me bañé, el Guadiana, el Jucar, el Tormes, el Dao, el Coa, el Burbia, -siempre nombres de ríos, indescifrables, nombres que jamás se olvidan como nombres de amigos o hileras de chopos boca abajo. Así boca abajo encendías las velas. Hilos de pájaros negros chillan como puertas o niños muertos. Chillan las alas como puertas azules. Pavesas de ciprés o moral, o pájaro arrancado del yo, y rama arrancada y hoja seca; esa hoja que cruje al cerrar el ojo. Más allá de las lindes álamos que te llevan montado por el aire. Así boca abajo encendías las velas, o en la vertiente de Gredos ábregos rompiéndose en el Galayar, aguas tributarias del Tiétar, el río de mi infancia -por eso se llama rompientes a lo quieto, o cuchillares llenos de palomas de nieve. Ábregos, el día llora así, no deja de llorar como un yo, y los bastones de mi yo, cada vez que hinco uno en el barro…




                                             Tobías Campos Fernández


 
cámara lenta del nadador que amanece vivo en las

especies en las fechas líquidas efectivamente viaje

seco y llamado efectivamente baño que cruza nuestro

cuerpo y desemboca en la escritura flotante que tinta

salvación de la memoria-río-cuándo me acerqué tuve

miedo de no estar en sus curvas temí nadarme anterior

rozar las escamas del pez cero volver a los nombres

que tuve bebo el vaso de la orilla que me llamas sé

cuánto somos en los escasos cauces en su pequeño

tren de barro listas del agua rodeando las hogueras

listas del hombre rodeando el agua qué puedo hacer

para que no me entiendas para dejarme-dejarte a solas

con mi apellido isla regresando a tus bosques

basculación desnuda péndulo húmedo y desierto.



                               José María castrillón



Nueva carta a T C F


Listas de hombres, cauces secos.
Yo te dije, sí, acequia, un hombre que fuma deseando amar
junto al agua. Yo dije,
tiempo atrás,
que los poetas habían orinado
en el manantial de los hombres juiciosos.
Fue más: dije, aún antes,
orilla, el agua que enfunda la mano que la quiebra que la hace otra.
Pero digo
desde ahora:
la hilera de los que buscan trabajo, de los que fueron
sobre cauce seco
en hilera al sanatorio, al camposanto, al barracón en listas
y ―digo― su murmullo que no supo sonar
en la mano desprendida que aquel poeta sintió en su poema
primero.




                                            Pilar Martín Gila
 

    DIÁLOGO



-   Podemos empezar de nuevo.
-   Sí, podemos empezar ahora que estamos al final de una segunda carta y hace
    días ya que el cuerpo quedó en un hilo, ciego el caudal, y oscura la boca del 
    agua.
-  O quizá todo lo ocurrido pasará más tarde.
-  O a consecuencia de que alguien lo ha escrito.
-  Vamos detrás de la letra.
-  Leyendo perplejos el primer párrafo. Otra Vez.
-  No es tan vehemente la vida ni tan intrincada.
-  Pero se guarda en el cuento.
-  En el cuento es donde se pierde. 
-  ¿Un cigarrillo?
-  I would prefer not to.




                                             Pilar Fraile Amador

 

"de este agua beberás
lirio dormido
ramificados los brazos en el punto de mirar
ella tenía un cuerpo escondido en el jardín
alimentándose de las raíces
abriéndose camino hasta los cimientos de la casa"





                                              SECUENCIA SEGUNDA




                                              Mar Benegas



ella no sabía que aquel dique de huesos
seguía creciendo
una presa, un pantano
el envenenador de las semillas

subían las lombrices por la blanca muerte
una higuera que daba pequeñas vulvas infantiles
y daba sombra y daba otros tiempos

el río subterráneo
tumbó finalmente las paredes
y lo dejó todo desnudo

la vida a la intemperie
no es más que un crujido 
un tiento rebosante de esporas



                                              Miguel Ángel Curiel



-OCENTEJO-


A Uxia Pinheiro



Allí el Ocentejo. Inútil para la escritura el allí. Sólo sé decir allí que es donde nunca voy a ir. Cabe en mis ojos el Ocentejo y no hace falta estar allí para no ser este que soy. La luz es la vida, al menos esa luz no desluce así la vida si es clara, aunque sea una mala luz. Voy detrás de las cabras tragando el polvo por este camino entre chopos; su nieve caliente o sus hojas negras. Un solo hueso tienen estos hombres altos que miran a los caminantes. Cuando tú pases te seguirán esos chopos como pena sobre la pena o peñas encima de las peñas. Esas nubes y estos excrementos para no pisar el mundo. El hombre debería ser una nube. Se van secando las nubes y los excrementos. Me siento deslavazado como un rosario de cuentas de mí mismo. No puedes recontar lo que nunca has contado. Futa que cae. De ti mismo tú caes. Vilo de las estrellas en el envilecimiento del mundo. No has escalado mas que escombros. Lirio de escombros. Debería ser negro, ser al menos lo que es, no lo que yo diga. Escarcha negra. Las flores blancas de la muerte también deberían ser negras. Se cierran los ojos y rompen la montaña. Pero sigue siendo una montaña, algo que solo cabe en el hombre si cierra los ojos. El pájaro se escapa. Se va a otros ojos para entrar en el mundo. Esparcidas de noche en el cielo las brasas. Un día antes de San Lorenzo San Justo, después Santa Clara. Los mismos ahogados de todos los años -dos o tres en este río seco- (Si vas a traducir esto piensa en ti) A más calma más destino. El negro de la nieve es la nieve. El pájaro de luto cayó en la leche y salió más negro. Caía hacía mí de una noche a otra. El chillido de ser borra el vuelo de no estar. Envida el órdago.




                                           Julio Obeso



Era del corazón esta arpillera
A su manera, cálida, 
a su vez, oscura.
Asunto de vacío
una vez más 
y de lesa humanidad
llevar la cuenta. 
Algunas noches ato cintas de colores
entre la tráquea y el páncreas. 
Arrojo balizas reconocibles
a lo que ayer pensé cierto. 
Aún así me pierdo. 
Enlazo puntos imaginarios 
y consigo la silueta 
de la [f]osa mayor. 
Algunas noches regreso. 
Lo que atrás se queda: 
¿también es luz? 
¿Carne el vapor de agua
que a ras nos ama? 
No lo sabemos, 
ya estamos en otro lugar.



                                                 Soledad Fariña



Tarde llego. Perdón. Si aumentamos espacios engañamos al
tiempo, por eso es que tarde llego. Aquí, allá. Sigo la línea 
roja, la amarilla, la azul, sigo la cuerda (floja) el pasamanos 
cromado, bajo, toco, se acarician los cuerpos sin saberlo,
algunos labios se besan, sin saberlo. La humedad, el sabor,
la energía del roce ¿todos guiños equívocos? 




                                             Yaiza Martínez



Seis meses desciende al hueco y lo mira.

Es un espacio boscoso y masa coronal

o polvo cálcico rebotando en éter.

En “yo” cuenta un paraíso; la geometría

de las sagradas edificaciones.

Todo el cuerpo del idioma es aquella mano.

Que el cuerpo es todo.

Recoge el hambre en el pan… el hato arrastrará cuando la

luz. Dirán su nombre entonces

el cosmos

en una

gota



                                              Tobías Campos Fernández


Me pongo la blusa de las galerías
ropa subterránea utilizo.
el topo sabe el topo ilumina cierto estar
cierta provincia de raíces.
fuga escalando grietas.
bajo la vista escucho la hormiga del atento
la lentitud de las cegueras.
un tacto fugaz nos menciona
nos impulsa a cero de quietud mirando.
Ahora es cóncavo ahora es telegrafía bajo las aguas.
de la a la z tu cuerpo toma
la forma de todas las palabras.
Stop racimos stop llegar allí stop fuera de fuera
bajo la mesa del jarrón amado.


                                                Pilar Fraile Amador



"tirar del hilo
responder a los mensajes
acelerar un poco decir no necesito preferiría
dar vueltas y vueltas dentro del caparazón
boca arriba
rodando para recuperar el equilibrio
como dice la televisión
es tarde deberíamos dormir un poco
desprenderse de la placenta
para no ahogarse
deshacer el animal con una mano" 



                                              
                                               Miguel Ángel Curiel

                                             

Otro año más estas Linarias de abril, antes de que vuelva llover, y de que se vuelva a cerrar el cielo nocturno con la bruma. En esas aberturas de nubes, en esos claros celestes Linarias de abril, o esas semillas luminosas que el sembrador nocturno lanza al cielo hasta que se ilumina el semblante, y la alegría vuelva con su luz verdadera al rostro de un hombre sumido en la pobreza. –Y era esta mi riqueza, una de ellas- y por eso abría el cofre de las ilusiones, y el sembrador de Linarias era generoso. ¿Y no se llaman así esas pequeñas flores de color naranja que brotan en los prados hacia estas fechas? De nuevo una correspondencia entre lo que es y lo que no es, un hilo tenso que fácilmente se rompe cuando alguna palabra de más sale de la boca: Linarias de abril para este insomnio. En la ventana que chocaron las ventiscas y la lluvia, así estas ventiscas de brasas celestes más alejadas.




                              Mar Benegas




el cálamo abierto, tinta blanca que se encrespa
hablas de un hombre pobre que sorbía semillas
se bebía la claridad como un señuelo blanco
hablas de un hombre pobre que se cae hacia abajo
que es una simiente y un tallo que puja
resquebrajando la sequedad del estío
partiendo los terrones, abriéndose, con un impulso acuoso
hablas de un hombre pobre
y parece enterrado pero está más vivo que nosotros
y un color naranja lo cubre todo, ciego y naranja
como el sol de mediodía
hablas de un hombre pobre, pero no se llama a la estación
no puedes llamarla, y el hombre pobre florece
reventando ante nuestros ojos, y queremos nombrarlo
pero solo suena, la palabra primavera.




                             Paloma Corrales



hacia dónde ha partido el animal,
hacia dónde sus huellas,
hacia dónde la furia,
la clandestina furia que ya no tienes,
hacia dónde las alas
cuando nadie te mira
y los pies invisibles
como los sumergidos en el lodo,

hacia dónde la fe de que este es el hilo,
el último hilo,
junto al último árbol,
porque dejaste atrás todas las mutilaciones,

hacia dónde la niña
que no crece y se queda en los escombros,

hacia dónde los cuentos,
los días de bordados con agua
y flores entreabiertas,

hacia dónde caemos, hacia dónde,

en el derrumbe,
linarias de abril para este insomnio.

 
                                    
                            Julio Obeso


Estilizar el poema, retirar el pan a la palabra, el agua a cualquier calificativo, hasta rendir la voluntad de la luz que se desploma y confiesa, de puño y ventana, ser de ella la húmeda navaja, la huella, cada uno de los cabellos en la sombra violada.



                      Soledad Fariña



la arista de la piedra



la huella de un cabello

en el vidrio



la navaja

húmeda y violada

su filo



la ondulación del aire


en la rama              de un sauce



                    Yaiza Martínez




Asisto al poema en esta morbilidad del mundo
por el paisaje de las categorías
la metáfora no es simple
figura retórica.


La voz encadenada insufla
forma de vida
al mueble.
 
Desciende de la montaña
con la lira y la hoz;
a cada paso
es
límite
es orbe.



                        Tobías Campos Fernández 



La
cámara
de seguridad
recoge
con nitidez
un error
de principiante
a la hora
de coser las redes

el funambulista
cae sobre la caída

en el vídeo
no hay
rastro
del poeta.

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